viernes, mayo 30, 2014

Roxana y Bob

En reciente seminario organizado por la Corte Suprema, encabezado por su presidente y recibiendo a invitados internacionales, interrumpió el evento la ya famosa Roxana Miranda, ex candidata presidencial con un grupo de activistas de Andha Chile que vociferaron, bañaron con jugo a diestra y siniestra, además de tirarle la corbata a un participante y derribar las sillas de los asistentes, que a esas alturas ya habían salido al coffee break. Los canales de televisión se hacen chupete con este tipo de barrabasadas, les entretienen la pantalla y en ese juego de meta y ponga, se sabe bien donde comienza pero difícilmente se puede adivinar donde termina.

La anécdota anterior me trajo a la memoria la visita de Bob Kennedy el año 65 a la Universidad de Concepción, donde queriéndose despedir en una asamblea estudiantil de un pequeño grupo de estudiantes del MIR, que lo repudiaban desde las graderías sobre el túnel de salida de la Casa del Deporte, les extendió su mano para saludarles y de vuelta recibió escupitajos y un pisotón en la mano. Este, según los relatos posteriores fue atribuido al “Patula” Saavedra, de ahí su nombre según algunos. Los excesos a que puede llevar la intolerancia en la convivencia política, acarrean tremendas consecuencias, ya lo experimentamos en carne propia en Chile, con un gran costo en vidas humanas. Por lo tanto, siempre es preferible, sobretodo para los medios, dar mayor cobertura, aunque a veces parezca fome, a aquellos que generalmente no llaman la atención, pero que siempre cuidan el dialogo y las buenas relaciones con los adversarios políticos. Si le damos mas tribuna a los vociferantes y violentistas, las señales que se entregan son claras, el camino será la escalada por ser cada vez más llamativos en el uso de la violencia. Así del jarrón de agua de María Música, con el que chorreo a la ministra de educación de aquel entonces, Mónica Jimenez, pasamos ahora a la puesta en escena de doña Roxana y su team.

Construir sociedad no es una cosa fácil y sin duda es una tarea de todos, donde sin duda, los medios y líderes tienen una mayor responsabilidad en poder instaurar conductas, señales y lenguajes, que convoquen, no extremen los enfrentamientos y que rechacen explícitamente la violencia, venga de donde venga. Este es el gran desafío en tiempos turbulentos, que al parecer ya se avizoran.

Como bien lo expresara el ex presidente Lagos, hay que “cuidar las formas” y no solo eso, también agregó mas adelante, “cuidemos la democracia que hemos conseguido”.  En la década del 70 tuvimos que aprender a la fuerza, llegamos a un extremo tal que, un libro sobre la crisis de la democracia chilena, nos describía como una “nación de enemigos”.

En tiempos de cambios fundacionales como los que se vienen, es positivo el poder llegar a establecer un mínimo común civilizatorio, que nos permita construir a partir de aquello sin tener que descender a las prácticas de enfrentamiento de antaño. La construcción conjunta bajo una sana convivencia social, nos puede permitir estructurar distintas medidas, como por ejemplo un pacto social que complemente y perfeccione la reforma tributaria.


El pensamiento colaborativo y el poder enfocarnos cada vez más, en una sociedad más horizontal y menos jerarquizada, también nos puede servir para consensuar un nuevo modelo. Que nos proyecte y deje contentos tanto a moros como cristianos.

La Prensa Austral de Punta Arenas
El Libertador de Rancagua (25 may 2014)
El Centro de Talca (07 jun 2014)
Austral de Temuco (25 may 2014)

viernes, mayo 16, 2014

Hacer las tareas

Cuanto tiempo llevamos discutiendo lo mismo y confrontando posiciones en distintos temas en los cuales ya hace mucho rato debiéramos tener ya consensuada una mirada o enfoque de país, como por ejemplo ocurre en las relaciones internacionales. Que distinta sería la convivencia nacional si tuviéramos ya una sólida y consensuada posición en materia de educación y salud por ejemplo, que decir en materia de los recursos estratégicos como el agua, energía o en cuanto a una política de desarrollo territorial, que no deje abandonados a las ciudades y territorios extremos de nuestra nación, como ocurre desde hace décadas, en que nos hemos olvidado de lo que cuesta hacer patria en estas lejanías.

Todo lo inundamos con la discusión del modelo, que tanto neoliberal o estatista es tal o cual política sectorial, y en esto nos pasamos la vida cuestionándonos la cuestión. Donde cada bando trata de ganar el gallito, sin siquiera darnos cuenta que la mayoría de las veces, si se analizan los problemas de manera técnica, las posiciones son muy cercanas, pero el ideologismo exacerbado nos lleva a mantener las miradas de enemigos, en lugar de ser cooperantes y colaborativos. Habrá que ponerse de acuerdo por separado primero y comparando con lo actual, tomar nota de lo bueno y malo que había antes del 70/73 y lo que se echa de menos. De igual modo analizar lo aprendido en los tiempos duros del Gobierno Militar y de lo que resulte en común y rescatable, aprender de nuestra experiencia para empezar a construir sobre esas bases lo que está pendiente. Políticas transversales que sean capaces de trascender los gobiernos y permanecer en los presupuestos.

Si tanto nos importa el tema de fondo, de frentón discutamos el modelo y no estemos abordándolo en cada reforma, lo cual es desgastante, dialoguemos por el modelo, si es que queremos tener uno. Y si es así, tratemos de que sea el mejor y, que nos sirva para Chile durante los próximos 30 años, esto sería hacer la tareas. De lo contrario nos pasaremos picoteándonos en cada reforma por aquí y por allá, así ningún país progresa eficientemente.

Un desafío o tarea pendiente es lo que nos recuerda permanentemente Juan Carlos Castilla, el destacado Biólogo nacional, cuando nos dice que hay que “crear una cultura de mar y fomentar su cuidado y uso sustentable, en un país que pese a que tiene kilómetros de costa sencillamente no lo ve”.  Como bien lo expresa Castilla, Chile es mar y por lo tanto, debemos hacernos cargo de nuestra condición marítima, en esto hay que mirar cómo lo hacen otros países y empezar a trabajar desde la base educacional en un proceso que nunca más deberíamos abandonar.

Otros desafío país, es la educación cívica para nuestros niños y jóvenes, ellos deben saber como se organiza Chile, sino seguiremos formando individualistas consumidores compulsivos, sin mayor apego por su entorno, comunidad e identidad a la que se pertenece. Lo colectivo y el espíritu público, así como la institucionalidad que se da nuestra sociedad para tener una sana convivencia, deben ser temas que desde pequeño cada uno debe conocer y aprender a querer.


En la construcción de sociedad, hacer las tareas significa enfrentar a los enemigos del diálogo y que son, por una parte la ambigüedad, cuando no se declara lo que cada uno busca y por otra, la sordera, que es cuando no se esta dispuesto a aceptar la versión del otro aunque no nos guste. Así, cuando estos dos factores intervienen no hay diálogo y sólo existe una negociación, que es lo que acostumbramos a hacer en nuestra vida política. Aprender a dialogar de verdad, es otro gran desafío de país.

La Prensa Austral de Punta Arenas
El Libertador de Rancagua (03 may 2014)
El Centro de Talca (09 may 2014)
Austral de Temuco (11 may 2014)

viernes, mayo 02, 2014

Valpo, cero planificación

Hace catorce años años atrás en una columna, titulada “Catastrofe.plop”,  analizabamos la “inusual crudeza” de los temporales que aquejaron en ese entonces a las regiones del Sur, los cuales al igual que seis años después y ahora con el megaincendio de Valparaiso, dejaron y siguen dejando en evidencia una serie de debilidades respecto a la ubicación de determinada infraestructura, viviendas e incluso muchas veces poblaciones inorgánicas y campamentos. Las cuales, como se ha visto, surgen espontaneamente o se construyen irresponsablemente en antiguas zonas de inundación por crecidas de ríos o quebradas, los cuales cada cierto tiempo y conforme al clima y pluviometría vuelven a sus antiguos cauces e inundan las mismas áreas que siempre han inundado cada 10, 20 o 30 años. En Concepción hace ocho años atrás aproximadamente el agua inundó campus universitarios, anegando bibliotecas, laboratorios, talleres y computadores, por la osadía de estar ubicados en vegas, como Puchacay, que hace menos de 30 años eran pantanos o cauces de esteros o rios. También se llego al extremo de reducir peligrosamente el cauce del ría Andalien construyendo viviendas e infraestructura por doquier en las áreas de inundación históricas del río.

Sin duda y cada vez más “los eventos” son más intensos producto entre otros del famoso cambio climático que por suerte, ya dejo de ser una teoría de un científico ecologista loco, como se pensaba algunos años atrás y se le está tomando más en serio. Pero esta imprevisión no pasa sólo con la lluvia, también con los terremotos, los incendios de poblaciones en su interacción con los incendios forestales y las erupciones volcanicas, en general rara vez se aprovecha la experiencia de las catástrofes para corregir nuestras conductas y aplicar medidas que eviten correr riesgos innecesarios.

Si bien la primera responsabilidad corresponde a quien construye en lugares sujetos a riesgos, una gran responsabilidad y no menor,  recae en los municipios y servicios encargados de regular estos aspectos, en particular en los profesionales que avalan este tipo de construcciones. No se puede radicar un campamento, por muchos votos que estén en juego, en un lugar que es inundado por crecidas de río o tiene riesgos de verse afectado por cualquier tipo de catástrofe natural o donde, por lo escarpado del terreno, se dificulta, por ejemplo el combate de incendios y la provisión de los servicios básicos. Es hora de usar la experiencia, identificando las distintas zonas afectadas a cualquier tipo de catástrofe natural, no sólo en el plano regulador sino también  mediante letreros visibles "in situ"  que lo anuncien y además estipulen sanciones, para que quienes tengan la memoria frágil, no se atrevan a ocuparlos. Lo anterior permitirá a los medios de comunicación denunciar responsablemente este tipo de situaciones y no sólo buscar el impacto público que provoca la desgracia humana.

Mas de alguien de Valparaiso, le debe una explicación a su gente, en especial a los más necesitados que sufren con mayor fuerza estos incendios y embates de la naturaleza. No es posible que profesionales de distintas especialidades, no puedan planificar el como enfrentar este tipo de situaciones, desarrollando modelos de simulación, diseñando planes de contingencia o investigando con estudios, tesis y memorias aterrizadas, que den respuesta a estos problemas de ciudad. Ya es hora de empezar a identificar claramente a los responsables de lo que no se ha hecho o se ha hecho mal, no se puede seguir construyendo ciudades de esta forma, más aun cuando ni siquiera se sabe hacer bien la tarea más básica de los grupos humanos, cual es, el construir un habitat seguro y ambientalmente agradable donde poder vivir.


Diego José Benavente Millán

La Prensa Austral de Punta Arenas
El Libertador de Rancagua (19 mar 2014)
Austral de Temuco (27 abr 2014)