viernes, febrero 27, 2015

Melcocha centralista

Las gruesas embarradas, tanto de la nuera presidencial como de los diversos brotes de Penta, así como todas las que están surgiendo a partir de las distintas aristas de la investigación en cuanto a potenciales delitos, si bien es un tremendo cachuchazo para el país, considerado en algún momento como uno de los tigres de sudamérica, si se mira la oportunidad en lugar de los gravísimos problemas,  también puede servir de lección, sobretodo si se considera el hecho de que hubieran reventado simultáneamente. Entre toda la melcocha centralista de moros y cristianos, reconforta el que la ciudadanía aún no ha perdido la capacidad de asombro y le repugna mayoritariamente estos excesos a los que puede llegar la política nacional, que contrastan con la política de antaño donde la mayoría de los que ejercían los cargos de importancia, generalmente salían más pobres que cuando habían ingresado a la función pública. En dos palabras, se iba a servir, antes que a servirse y al escoger los medios que utilizaban para concursar por los cargos, si importaba su componente ética.

Los excesos a que se ha llegado, sin duda tienen relación con el exacerbado centralismo y concentración del poder en una elite capitalina, que hasta hace muy poco se sentía cómoda, actuando sobresegura y sin contrapeso, en su acumulación y manejo del poder socioeconómico y político. Todo lo cual, fue sin duda fortalecido por la implementación de un modelo deslegitimado al ser impuesto bajo un régimen militar,  que además se olvido de dotar al Estado del músculo e institucionalidad necesaria que permitiera fiscalizar y castigar los excesos, así como resguardar adecuadamente el interés superior de la ciudadanía, como si ocurre en otros países. 

La ciudad de Santiago, como paradigma del centralismo, se ha conformado y es una consecuencia de una educación segregadora y selectiva, que por la vía de la selección o descreme socioeconómico en colegios de elite ha impregnado las distintas esferas y sectores del país. En los distintos espacios, la culminación de cualquier  escala con la respectiva coronación de los beneficios y mayores privilegios, siempre están reservados y asegurados geográficamente, para quienes pertenecen a las elites y que provienen de las comunas y familias más acomodadas de la capital.

Los partidos políticos tradicionales y las coaliciones actuales de ambos lados, son parte del problema, ya que permanentemente, en lugar de avanzar en consensos para abordar los grandes problemas del país, se dan vueltas siempre sobre lo mismo, en cada asunto o problema, buscan y exacerban el conflicto, porque este les da tribuna y presencia mediática.


El país está cansado de las posiciones ideológicas de lado y lado, es hora de iniciar y formalizar un proceso, que haga surgir una federación de partidos políticos regionalistas que se puedan hacer cargo del país al mediano plazo.  Los territorios y su cercanía con la gente de a pie, pueden ser la tabla de salvación de este sodoma y gomorra a que ha llevado el centralismo político y económico concentrado en la capital.

El Centro de Talca
La Prensa Austral de Punta Arenas (20 feb 2015)
Austral de Temuco (22 feb 2015)