domingo, enero 16, 2011

Cuadrar la caja

Durante esta semana, con las masivas protestas magallánicas por el alza del gas inconsulta, una vez más han quedado en evidencia las diferencias que existen entre un CHILE, así con mayúscula, grande, centralista, desarrollado, ya casi del primer mundo y otro chilecito, pronunciado bajito para que no se enoje el patrón,  esquilmado y telecomandado desde la Capital, especialmente para que no se puedan producir alborotos que incomoden la placida vida de nuestras elites.

La cosa no funciona bien así, no importa el tiempo, el color político o la instancia, en este juego centralista o crónica de un resultado anunciado, que es siempre el mismo, nunca ganan las regiones. Cuando hay que buscar la ayuda del colectivo y financiar las mega obras capitalinas, las regiones siempre listas, pero cuando hay que cuadrar la caja, de nuevo son las regiones las que se tienen que poner.

Hasta cuando deberemos soportar subsidios o financiar proyectos no rentables para Santiago y, por el contrario, recibir siempre la puerta en las narices cuando alguna región osa pedir alguna obra de adelanto cuya rentabilidad no este en el rango definido. Para nada importa que sea la prioridad uno de la comunidad regional o el gran proyecto que pueda contribuir a gatillar un desarrollo por años postergado. Unos deben cumplir estrictamente las reglas, ponerse con las cuotas y el otro, que escribe las reglas del juego y las fiscaliza, es el que siempre se lleva la tajada del león y cuando le falta, no tiene empacho, si es necesario incluso, cambiar las reglas y echar mano al presupuesto de los cumplidores.

El triste diagnóstico en el cual estamos sumidos como país, lo describe muy bien el ex diputado y federal Esteban “Teo” Valenzuela en un reciente articulo en un medio electrónico, “La lógica es que el centro mantiene el poder y la periferia se queja, en un juego insoportable de dominación, cooptación y queja que han inhibido un mayor dinamismo territorial, descentralización apropiada, apuestas de desarrollo y potenciamiento de lo que los expertos llaman el nivel meso de los países.”

Para colmo en Chile los equilibrios o contrapesos políticos no existen, puesto que ante un presidencialismo centralista exacerbado y un parlamento centralmente designado en su gran mayoría, todas las decisiones se concentran y perpetúan en la capital. Con el agravante que este proceso se repite en todas las esferas sociales, empresariales, culturales, de defensa y justicia, por nombrar algunas solamente. Por lo tanto y cada vez más, se hace evidente la falta de un poder político territorial que por un lado, de cuenta de las necesidades y requerimientos regionales y por otro, mediante potentes liderazgos con arraigo territorial, pueda servir de contrapeso al eje político central tan gravitante hoy en día en el país.

Una institucionalidad que permita potenciar las regiones y por esta vía dotarlas del poder político, decisiones y recursos de significación, impulsando a la vez un proceso sostenido de traspaso de poder hacia los territorios, parte por la descentralización política. Se debe compartir y distribuir el poder de gobernar y la toma de decisiones en los distintos territorios, confiando en las personas de regiones, lo cual pasa necesariamente por democratizar los gobiernos regionales, eligiendo a consejeros e intendentes regionales. Nunca se tendrá territorios con aportes y decisiones relevantes, si unos deciden por otros, hasta en lo más básico, cual es el poder elegir al líder encargado de conducir el desarrollo regional.


Al igual que el Teo Valenzuela, abrigo las esperanzas que “quizás los círculos dominantes entiendan que es posible un “arreglo democrático” que implique niveles reales de autonomía y fondos de convergencia territorial significativos. Tienen la historia por delante para cambiar su curso.” Así sea.

Austral de Temuco