viernes, mayo 06, 2011

Ojo, con dar pescado

Uno de los peligros de la política es caer en el asistencialismo, ya que de ahí al populismo hay un solo paso. El cambio de gobierno, al asumir una coalición de centro derecha, implicaba que las señales serían enseñar a pescar e incluso a cultivar para emprender, asegurando así autonomía y sustentabilidad. Sin embargo, pese a que el emprendimiento es uno de los ejes estratégicos fundamentales, también es posible observar una serie de señales que se contradicen con este objetivo y que se acercan peligrosamente a extremar el dar pescado en lugar de fortalecer el músculo de la autonomía y el dar acceso a oportunidades.

En una reciente columna dominical, titulada "Populismos de derecha", Sebastián Edwards, describía este fenómeno, "En nuestro propio Chile hemos presenciado una seguidilla de medidas populistas impulsadas por la actual administración. Nada grandioso o abiertamente nefasto. Pero las medidas están ahí, huelen mal y son preocupantes." Y concordando con Edwards, el populismo no es un monopolio de la izquierda, y lo que es más grave "estos populismos van minando los cimientos de la institucionalidad y de la fortaleza de los países."

Siempre será más fácil continuar con políticas paternalistas donde abunden los subsidios de todo tipo, lo difícil es innovar, teniendo presente las distintas realidades involucradas y ponerse en el lugar del que necesita, para acompañarlo en el camino duro de adquirir las competencias que le faltan. Para que así pueda salir de su condición de pobreza, lo antes posible y por sus propios medios. En un país centralista, que tiende a uniformarlo todo, cuya superestructura central conoce muy poco de la diversidad de sus territorios, se corre el peligro de inventar programas y subsidios, con generosos beneficios, pero con muy pocas exigencias. Así lo único que se logrará, es chutear el problema por unas décadas más.

La infinidad de programas nacionales de carácter uniforme que se ponen en marcha, la mayoría de las veces sin mayor análisis del impacto que provocan a nivel local o territorial y, que van dirigidos a los mismos beneficiarios, donde a muchos de ellos se les obliga a optar entre uno y otro, provoca un ahogo de iniciativas de desarrollo. Donde como es natural, los favorecidos optan por aquellos con menores exigencias y barreras de ingreso, y por supuesto, los que les exigen menor esfuerzo. Esta señal perversa, es la que está provocando que sean cada vez menos los que estén dispuestos a trabajar, como alternativa a poder optar frente a una atractiva batería de ayudas.

Comentarios como el, “no me haga imposiciones patrón, ve que me van a eliminar de la lista de beneficiarios de tal o cual subsidio”, se escucha cada vez más. ¿No estaremos acaso fomentando en demasía la ley del mínimo esfuerzo o aumentando la población de los que se las ingenian para vivir al alero del Estado? Así se corre el riesgo de estar atrofiando el músculo de nuestra gente, llenándolos de subsidios y regalías que no conllevan mayores esfuerzos y compromisos a cambio.  A costo cero todos quieren y hasta la cola más larga, no molesta. Para variar, aquí la descentralización tiene mucho que decir, ya que al delegar y confiar en las personas que están más cerca, la definición y diseño de los programas, sin duda se consigue mayor pertinencia y mejores resultados.


La Prensa Austral de Punta Arenas
El Centro de Talca (3 abr 2011)
Austral de Temuco (17 abr 2011)